¿Por qué debemos aprender a valorar y elegir los alimentos? No debes dejarte seducir, para tu elección, sólo por cantos de sirena detrás de palabras como fit, light, saludable, ligero natural, integral o proteico
Sin demonizar ni prohibir alimentos concretos, cuando un producto te llame la atención por una palabra atractiva en el frontal, dedica unos segundos para girarlo y leer lo que realmente contiene.
Lo que se indica en el etiquetado nutricional y los ingredientes vale mucho más que cualquier color, dibujo o mensaje publicitario. Aprende mucho más sobre este asunto con el interesante artículo de María Sánchez Jarque, nutricionista clínica del Centro Médico Quirónsalud Valle del Henares.
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¿Por qué debemos aprender a valorar y elegir los alimentos?
María Sánchez Jarque – Nutricionista clínica
Vivimos rodeados de mensajes que nos prometen una alimentación más saludable.
Basta con entrar en un supermercado o revisar anuncios publicitarios para encontrar productos con palabras como «fit, light, saludable, ligero, natural, integral o proteico».
La industria alimentaria sabe muy bien qué términos llaman nuestra atención, captan y generan una sensación inmediata de confianza.
Nuestro cerebro tiende a asociar estas palabras con una mejor elección nutricional. Sin embargo, la realidad es que estos reclamos no garantizan, por sí solos, que un producto tenga una buena calidad nutricional o sea saludable.
Un producto puede llevar en su envase la palabra «fit» y seguir siendo rico en azúcares añadidos o incluso edulcorantes. Puede anunciarse como «proteico» y contener cantidades elevadas de grasas, sal u otros ingredientes.
Del mismo modo, un producto etiquetado como «light» simplemente indica que se ha reducido algún nutriente respecto a la versión original para reducir el nivel energético, pero eso no significa que sea automáticamente la opción más saludable.

Es fundamental revisar siempre los ingredientes
Otro ejemplo muy frecuente son los productos que destacan la palabra «integral» en grandes letras. Sin embargo, en algunos productos, cuando revisamos la lista de ingredientes descubrimos que la mayor parte o cierta parte del producto sigue estando elaborada con harinas refinadas.
Por eso, es fundamental revisar siempre los ingredientes. Los primeros ingredientes del listado son los que están presentes en mayor cantidad en el alimento y, por ende, los mas alejados son los que están presentes en menor cantidad.
La clave está en aprender a valorar el alimento en su conjunto y no quedarnos únicamente con una frase llamativa en el envase. Ningún reclamo nutricional nos ofrece toda la información necesaria para saber si un producto es una buena elección.
Para ello, conviene fijarse en aspectos como:
- La lista de ingredientes.
- La información nutricional.
- El grado de procesamiento.
- La presencia de azúcares añadidos, tipos de grasas (grasas de baja calidad) o exceso de sal.
- La calidad global de los ingredientes utilizados.
Cuantos más ingredientes tenga la etiqueta, más procesado será.
Curiosamente, muchos de los alimentos más saludables apenas necesitan publicidad para venderse. No verás huevos etiquetados como «huevos proteicos», ni una manzana con el reclamo «natural», ni unas lentejas anunciándose como «fit».

El envase vende, los ingredientes son la realidad
Los alimentos mínimamente procesados suelen ser sencillos y no necesitan estrategias de marketing para convencernos de sus beneficios.
Por eso, cuando vayas a comprar, recuerda una idea muy sencilla: el envase vende, pero los ingredientes cuentan la realidad.
La próxima vez que un producto te llame la atención por una palabra atractiva en el frontal, date unos segundos para girarlo y leer lo que realmente contiene. Porque la información nutricional vale mucho más que cualquier color, dibujo o mensaje publicitario.
No se trata de demonizar alimentos ni de prohibir productos concretos. Se trata de desarrollar una mirada crítica que te permita tomar decisiones más informadas y conscientes. Al fin y al cabo, una alimentación saludable no depende de una etiqueta llamativa, sino de comprender qué estamos poniendo realmente en nuestro plato.



